"Los congregados en Theleme empleaban su vida, no en atenerse a leyes, reglas o estatutos, sino en ejecutar su voluntad y libre albedrío. Levantábanse del lecho cuando les parecía bien, y bebían, comían, trabajaban y dormían cuando sentían deseo de hacerlo. Nadie les despertaba, ni le forzaba a beber, o comer, ni a nada. Así lo había dispuesto Gargantúa. La única regla de la orden era ésta:
HAZ LO QUE QUIERAS
Y era razonable, porque las gentes libres, bien nacidas y bien educadas, cuando tratan con personas honradas, sienten por naturaleza el instinto y estímulo de huir del vicio y acogerse a la virtud. Y es a esto a lo que llaman honor.
Pero cuando las mismas gentes se ven refrenadas y constreñidas, tienden a revelarse y romper el yugo que las abruma. Pues todos nos inclinamos siempre a buscar lo prohibido y a codiciar lo que se nos niega"


viernes, 3 de febrero de 2012

 Ángel Simón nos ha mandado un cuadernillo escrito a mano, en el que, tras apuntes de clase, y con letra de adolescente, casi de niño, aparecen unos poemas. Los apuntes son de Filosofía (6º del antiquísimo bachiller); los poemas, inspirados en lecturas reconocibles: (los Machado, tragedias griegas, Becquer, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Lorca, ‘Poemas arábigoandaluces, quizá la Biblia...). Al menos, eso parece.
Nos lo ha remitido con el siguiente texto: "Querido amigo Theleme. Al revisar rancios cuadernos y papeles encontrados en los cajones de la casa del padre, ha aparecido el presente bloc al que trasladé composiciones escritas en casi mi niñez. Como, siguiendo el criterio de Maribel, reniego de todo lo que no esté vivo y coleando, te mando, como necrófilo de la literatura que eres por constitución y elección, estas páginas muertas para que dispongas de ellas como desee tu perverso, vicioso y extraviado criterio. Ya no apestan de puro momificadas, pero confío, a pesar de todo, que te sabrán a gloria bendita. No me des las gracias. Si te sintieras obligado a corresponder por estas antiguallas, me invitas a unos vinos de la tierra y en paz"
Con lo cual, me ha incitado a publicar las más infumables, como venganza.
Me he contenido, y dejo constancia, (hasta ver cómo se comporta de aquí en adelante), sólo de éstas, inspiradas en el libro de García Gómez dedicado a los poetas musulmanes andalusíes, que Alá confunda por sensuales:

sábado, 10 de diciembre de 2011

Contestación a un comentario, publicado como entrada por superar el espacio permitido

No entiendo nada.
Según tú, no deberían existir los libros de Historia. ¡Hablan de muertos!
Nadie debería escribir ni hablar nada. ¡Se hace con idiomas creados anteriormente por millones de muertos!
Hay que derribar todas las ciudades constantemente. ¡Los arquitectos se mueren constantemente!
¿Para qué hablar, entonces, sobre el presente, cuando este presente es un pasado continuo? ¿Para qué hablar sobre lo que escribí hace cinco minutos si ya no existe?

martes, 6 de diciembre de 2011

Escolios a "Las ninfas", de Pedro Salinas.

Dedicado a Maribel,  (Diariovoz), en desagravio a los malos ratos y las vergüenzas que le hago pasar con ciertas intervenciones en ciertos foros.
El poema pertenece al libro de Pedro Salinas: "Confianza"

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Éxodo hacia el Supermercado.

No cabe duda de que en el fondo de la naturaleza humana hay un misterioso anhelo de autodisolución en la colectividad. La mayoría de los hombres teme la propia libertad y que, de hecho, ante la agotadora variedad de los problemas, ante la complejidad y responsabilidad de la vida, la gran masa ansía la mecanización del mundo a través de un orden determinante, definitivo, y válido para todos, que les libre de tener que pensar. Esa nostalgia mesiánica por una existencia libre de problemas constituye el verdadero fermento que allana el camino de los profetas sociales y religiosos.

Stefan Zweig: “Castellio contra Calvino”

La Humanidad en busca del Salvador que le ponga una  Gran Superficie.  Máxima aspiración inculcada por todos lados, entre el nacimiento y la muerte, a la criatura echa a imagen y semejanza de Dios. ¡Viva la sociedad adquisitiva! ¡Vivan todos, incluidos yo y  Rouco Valera, el Gran Valedor!

jueves, 29 de septiembre de 2011

Contestación a un desafío: Contragambito, S.L.

     Ángel Simón nos envía su aportación a un desafío que le arrojaron Maribel, (Diariovoz, al lado adjunto), y Miguel, (Laalacenademiguel, también adjunto), consistente, según sus propias palabras, en que los tres se comprometían a escribir una narración de género negro en las cuales uno de ellos es asesinado por otro componente del trío. Hemos querido convencerlo de que desistiera de tales memeces aunque fuera en atención a su edad. Ha sido inútil. Aquí publicamos la narración-guión, que nos ha remitido, informando que las correspondientes a los otros dos retrasados pueden ser consultadas en el blog laalacenademiguel, que, como decimos, su acceso se encuentra a nuestra derecha, no sabemos cuánto tiempo más si insiste en frecuentar estos derroteros.
       El responsable del presente blog no se hace responsable de nada. Ahi va:


CONTRAGAMBITO, S. L.


  El viento. El imperio del viento. En los recodos de las fachadas. Por los terrados. Hinchando el cuerpo de las persianas. Acechando los resquicios de la ventana. Venido del fondo oscuro de los callejones, de los dominios velados por la noche, de ese inmenso cielo estrellado.
  Aparta con gesto de desagrado el cigarrillo, que apaga en el cenicero de la mesita. Permanece de pie ante la ventana, mirando. Sólo mirando. Una sombra que observa desde la sombra de la sala. La esquina, con su eterna luz débil, siempre amarillenta, siempre pálida, adquiere, en estas noches de invierno, bajo la advocación del viento, una intimidad especial. Despierta nostalgias de épocas melancólicas en lugares desconocidos de la memoria. Ya no dormirá hasta que amanezca. Ha colocado la posición en el tablero, junto al ordenador. Analizará y se acercará a la ventana del balcón La noche es ya un proyecto delicioso y, en el fondo de la sala, esperan las piezas, iluminadas por una lámpara de pie.
  Rubhai Kuba se acerca a la mesa. Envuelto en el aroma de una taza de té caliente que abarca entre sus manos, se embarga en un primer análisis, en el que el programa ya está trabajando. La noche incita, y el mundo queda ahí fuera, al otro lado del espacio que se hunde en la penumbra.
  Se acomoda en la silla, añade un dedo de ron a la infusión y se enfrasca en el trabajo. Su melena fosca, despeinada, desprende un polvillo grasoso, al choque vulgar, estridente y avasallador del interfono. Desconcertado y molesto, anda rumiando durante el trayecto que lo separa del auricular.
- ¿Qué hace, maestro? - El vozarrón de Miguel, discípulo predilecto.